Este medio se ha convertido en una herramienta imprescindible de socialización y entretenimiento, siempre y cuando se use correctamente. Peligroso es el adjetivo que últimamente se está utilizando para describir a internet. A medida que ha crecido su capacidad también lo ha hecho el tráfico en la Red, desestimando así versiones que dibujan a una infraestructura a punto de reventar.
Es curioso las últimas investigaciones que se han hecho sobre el mayor buscador en la Red, Google. Cuando los 19 millones de usuarios diarios del motor de búsqueda en Internet Google buscan un viejo compañero de escuela, mandan correos electrónicos o navegan por la red a alta velocidad con el nuevo acelerador, las huellas de estas actividades no se borran. Como muchos otros gigantes de la red, Google registra las maneras en las cuales son utilizados su motor de búsqueda y sus otros servicios, además de quiénes los usan. Pero, contrariamente a otras compañías, conserva estos datos durante años.
En su clásica defensa de la libertad de expresión, John Stuart Mill argumentó que la razón más importante para la libertad de expresión es promover la competencia entre la mayor variedad posible de ideas, y que un debate sin restricciones es la mejor manera de probarlas. Si un gobierno protege las ideas de las críticas, las convierte en un dogma rígido y sin vida, independientemente de si son o no verdaderas.
Por supuesto estamos en el XXI y a estas alturas de la historia no podemos dudar de la libertad de expresión en todos los ámbitos de una sociedad. Pero, a la vez, debe de haber mecanismos que salvaguarden esa libertad. La libertad de una persona acaba cuando empieza la libertad de la otra.
En las palabras de Stuart Mill, me parece llegar a descifrar una política económica, una ley de oferta y demanda. En realidad todo se reduce a lo de siempre, dinero. Es una nueva forma de riqueza, es una nueva forma de mentalidad, pero como se ha dicho varias veces con el adjetivo de peligroso, puesto que podemos llegar a crear una sociedad paralela que chocará con la sociedad existente. Y las personas que están al margen del internet, se sentirán aisladas y marginadas. Y todo lo que se está luchando por la solidaridad, la ayuda desaparecerá y solo nos encontraremos poniendo en marcha un ordenador.
¿Estamos preparados para ello?
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